Anecdotario del Jefe

Relatos sabrosos e inverosímiles del Gran Jefe

Thursday, August 10, 2006

Año 2002, Viña del Mar: Con la Pillería al Tope

Año 2002, Viña del Mar: Con la Pillería al Tope

Una mañana estoy en mi casa del Cerro Los Placeres descansando tranquilamente, ya que como soy jubilado, me levanto y quedo desocupado. Suena el teléfono en forma insistente, lo que me indica que alguien de mi familia tiene un problema y quiere que se lo solucione. Así es, efectivamente, mi hijo Alejandro me pide auxilio desesperadamente porque en el departamento donde vive en Viña del Mar tiene un problema eléctrico: en la cocina no puede enchufar el tostador y está complicado.
Mi hijo vive en un edificio de departamentos de 10 pisos. Él vive en el octavo, donde sólo hay un depto por piso. El ascensor lo deja frente a la puerta de entrada y al costado hay una escala que lleva a los pisos superiores, la que nunca se usa. Yo no soy eléctrico, mi profesión es “enfermero naval”, pero generalmente tengo que solucionar estos problemas menores, lógicamente todo “costo cero”, ya que jamás me han pagado un peso.

Quedamos de juntarnos a las 15.00 hrs. y llego puntualmente. Usamos una clave para avisar que voy subiendo en el ascensor. Cuando llego al octavo piso y salgo del ascensor me llama poderosamente la atención un paquete que estaba en el suelo frente a la puerta del depto, en una bolsa de supermercado Líder. Era tan ostentosa la bolsa en el suelo que apenas la veo, me abalanzo hacia ella y rápidamente reviso su contenido: ¡Sorpresa! Como si hubiera visto una bolsa de diamantes, miro desesperadamente hacia todos lados con la pillería al tope y rogando que nadie se dé cuenta, coloco la bolsa dentro de mi maletín de herramientas, lo cierro rápidamente y mostrando mi mejor cara de inocencia toco el timbre. Espero con el corazón el la mano, llamo de nuevo, me causa extrañeza la demora en abrir. Pasa otro rato y por fin aparece mi hijo con su mejor sonrisa: “¡Hola amigo! Me demoré porque estaba en el balcón mirando un accidente que hubo en la Avenida España”. Toma el maletín, lo deja en la cocina donde estaba el problema y me dice: “Trabaja solo, yo estoy en el dormitorio viendo una película en la televisión”.

Se va mi hijo al dormitorio y sigilosamente entro al baño. Coloco el seguro y saco el paquete de la bolsa. Ahora cuento a cuánto asciende el botín que encontré en el paquete. Pongo una toalla en el suelo, vacío la bolsa y ¡aparecen más de veinte fajos de billetes de $10.000.- amarrados con vistosos elásticos de colores! Comienzo a contar nerviosamente: hay exactamente cuatro millones cuatrocientos mil pesos. Dejo los billetes en el fondo del maletín para ocultarlos de cualquier mirada indiscreta; pero cambio de idea y pongo las herramientas al fondo dejando encima en forma muy desordenada los fajos de billetes. Lo que yo pretendía, era que al abrir el maletín, se viera de inmediato el botín.

Salgo silenciosamente del baño y dejo el maletín con las herramientas y los billetes en el comedor. Desde la puerta de la cocina le grito a Alejandro: “Estoy trabajando en los enchufes, si necesito alguna cosa te llamo”. Pasan como diez minutos y vuelvo a gritar: “Alejandro, trae el alicate que está en el maletín sobre la mesa del comedor”. Aparece muy circunspecto con el alicate en la mano y me lo da con una sonrisa. Yo pienso para mis adentros que es imposible que haya sacado el alicate y no hubiera visto los billetes. Pasa otro rato y le pido de la misma manera la huincha aisladora que está en el fondo del maletín. Llega de nuevo, me pasa la huincha y me dice: “Abúrrete ¡¿no sería mejor que trajeras el maletín para la cocina?! A cada rato se te antoja algo, ¿no sabes trabajar solo?” Le digo que no lo molestaré más y que vaya a ver la película tranquilo. Pasa otro rato y lo vuelvo a llamar: “¡Amigo! Por última vez, es para que quede más firme el enchufe, trae unos tornillos chicos que están en el fondo del maletín”. Aparece de nuevo con el famoso maletín de las herramientas en la mano y me dice: “No encuentro ningún tornillo, búscalos tú, para eso te contraté”.

Agarro el maletín y lo doy vuelta encima de la mesa. Queda el desparramo de herramientas y billetes… Me grita con cara de loco: “¡Papá! ¿Qué hiciste? ¿De dónde sacaste tanta plata?” Yo, con mucha seriedad y muy suelto de cuerpo le contesto: “Te lo pensaba decir más rato… La encontré en la calle, afuera del edificio, cerca de la esquina. Pensaba que podría regalarte unas cincuenta luquitas”.

Alejandro comienza a reírse y me dice: “¿Vos creís que yo soy gil o que vengo de las chacras? Yo mismo puse estos billetes en la bolsa, son $4.400.000.- Los ubiqué frente a la puerta del ascensor y te estaba mirando por el ojo mágico de la puerta cuando, con cara de loco, fondeaste la bolsa con billetes en tu maletín”. Agregó: “Para tu conocimiento, esa es la plata que me pagó un cliente al cual le vendí un auto esta mañana y que no alcancé a depositar en la caja de fondos de la empresa”.

De una plumada perdí 4 millones cuatrocientos mil pesos que ya estaban en mis manos. Además, quedé como un pillo cualquiera y ni por casualidad me pagaron el trabajo ejecutado en la cocina. A cambio, obtuve esta sabrosa anécdota que ahora, después de tantos años, relato para Uds.

El Jefe

2 Comments:

  • At 3:56 PM, Anonymous Johnny said…

    Que bueno que no fue criado con leche de tarro, de otra manera el corazon no hubiese resistido a tanta emocion.
    Me hubiese gustado ver la cara de loco, cuando fondeo los billetes...

     
  • At 6:56 PM, Anonymous Anonymous said…

    .....puta jefe....
    ...se lució como tio del MANILON

    RONNIE

     

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